martes, 12 de junio de 2018

El mejor amigo del hombre…¡Y de la familia!


Por Avelina Jiménez Lozano

Hay una pregunta constante que nos realizan  nuestra familia y amigos. Generalmente no es la primera con la que iniciamos una conversación, pero indiscutiblemente mi esposo y yo nos extendemos en su respuesta: “¿Cómo está Rex?”.

Rex es un perro pastor alemán que hemos decidido tener por mascota. Las personas que nos conocen, saben que es importante para nosotros y lo mucho que hemos cambiado con su llegada. Nuestra dinámica familiar se ha modificado de diferentes maneras, desde estar al pendiente de apuntar en la lista del mandando el comprar su alimento, hasta tener la precaución de buscar quién lo cuide cuando tomamos vacaciones.

Contrario a lo que se piensa, tener una mascota es una recomendación común de los especialistas de la salud. Según un artículo publicado por el Journal of Personality and Social Psychology, quienes tienen una mascota llevan una mejor vida, son más sensibles y están más conscientes de lo que ocurre en su entorno. Los animales domésticos proporcionan a la familia algo más que simple compañía.
Según un estudio realizado en México, el perro es el animal doméstico que más familias mexicanas poseen, teniendo el 84% de preferencia sobre el resto de las mascotas. La mayoría de los niños no le tienen miedo, al contrario, se acercan a ellos con confianza e incluso, insisten a sus padres para  tenerlo en casa. Una escuela ubicada en Monterrey utiliza, como reforzador para los niños que cumplen con sus actividades, la oportunidad de llevarse un cachorrito a casa durante un fin de semana. Sobra decir que los niños se esmeran por obtener el preciado premio.

La presencia de una mascota dentro de una familia desarrolla valores en niños y adultos. La responsabilidad de cuidar a otro, el compartir el  tiempo libre, la sensibilidad hacia los demás y el respeto por los seres vivos son sólo algunas habilidades que se convierten en acción al momento de tener una mascota.

Para un matrimonio sin hijos, la decisión de tener un perro puede ser sencilla al igual que para las parejas que desde niños han crecido con uno, pero, ¿y si algún integrante de la familia no desea tenerlo? ¿Cómo podemos lograr un acuerdo? Primero es importante conocer la razón por la que no lo acepta, la respuesta más común es porque lo consideran una carga adicional de trabajo.  El comprometerse cada uno de los miembros en su cuidado y el delimitar roles específicos de trabajo, pueden provocar un cambio de opinión. Generalmente con el tiempo, la persona que no quería tenerlo se encariña con él y hasta llega a quererlo.

Todo ser vivo tiene un final y las mascotas no son la excepción. Aquel integrante que pasó años con una familia y que muchos lo consideran como parte ella, algún día tendrá que dejar de existir. Para la mayoría de las personas, la primera experiencia real de ausencia eterna, es cuando muere su mascota. La forma en que un niño viva este momento lo preparará para una de las más duras pruebas de la vida: aceptar la muerte como un proceso natural.

En un mundo cada vez más tecnológico y virtual en donde la comunicación es a distancia y las personas se divierten pasando etapas de un mundo ficticio, el tener un animal doméstico fomenta en los integrantes de la familia la importancia de disfrutar el momento con un ser real, vivo y fiel: su mascota.


 (*) Avelina Jiménez Lozano, es Psicóloga con Maestría en Educación por la Universidad de Monterrey. Experta en temas de familia y pareja. Cuenta con la certificación para ser facilitadora de la herramienta pre-matrimonial FOCCUS. Ha participado en programas de desarrollo humano e inteligencia emocional en México y España. Actualmente es docente de asignatura en la carrera de Licenciado en Psicopedagogía, titular del curso Formación en el Amor y coordinadora de formación en la Universidad de Monterrey.

Contáctala en jimlav15@hotmail.com