miércoles, 5 de diciembre de 2018

Tiempo de renovar la esperanza


por Martha Salim Naime

Cuando carecemos de esperanza, vivimos llenos de deseos. 
Dante

Estamos por escribir el último capítulo del libro de la vida personal de este año 2018 y esto nos invita a revisar los propósitos que, llenos de esperanza, nos planteamos al inicio del año. Algunas personas se esforzaron en cumplir y llevarlos a cabo, otras —quizá la mayoría­—  se quedaron sólo con las buenas intenciones.

Si eres de los que tienen problemas para definir sus propósitos o llevarlos a cabo, se te olvidó anotarlos o quizá fueron demasiado altos, entonces te será útil aplicar la regla de oro para fijar objetivos. Por sus siglas se conoce como la regla AARV y significa que todo objetivo las debe cumplir: 
  • A: Asequibles, fáciles de alcanzar
  • A: Accesibles, fáciles de lograr
  • R: Realistas, ajustable a la realidad
  • V: Voluntad de querer realizarlos


Comenzar un periodo con propósitos nuevos, como al inicio de un nuevo año, nos recuerda que somos capaces de cumplir nuestras metas y realizar nuestros sueños. Los grandes proyectos inician con una idea que crece y toma forma hasta convertirse en realidad. Nadie se inicia como corredor corriendo un maratón, el avance es lento y paulatino; recordemos la frase de Einstein: “Si eres capaz de soñarlo, eres capaz de lograrlo”.

Para elaborar una lista de los objetivos integral, a cumplirse en el año siguiente, se recomienda que incluya propósitos de cada una de las dimensiones de la persona: física, emocional y espiritual,  puesto que estas áreas comprenden los aspectos de la vida del ser humano.

Dimensión física. Relacionada con la salud, el bienestar y los bienes materiales. Algunos tipos de propósitos pueden ser: bajar de peso, hacer ejercicio, cambiar de carro o conseguir una casa más grande. Si se logran determinar de manera más específica, hay más probabilidades de verlos realizados, por ejemplo: bajar un kilo por semana, reduciendo el consumo de refrescos o pan. Otro consejo es hacer 20 minutos de ejercicio tres veces por semana, aumentando 10 minutos hasta llegar a una hora.

Dimensión emocional. Tiene que ver con la motivación interna, las relaciones interpersonales y la capacidad de empatía, principalmente. Entre los posibles propósitos estarán: la convivencia con la familia y amigos, tomar un curso de profesionalización, dedicar mayor tiempo a la pareja y planear otros objetivos para cumplir en el año.

Dimensión espiritual. Es la relación intrapersonal, es decir, la que mantenemos con nosotros mismos y unificamos con nuestras creencias espirituales. Estos objetivos están enfocados a dedicar por lo menos un día a la semana a estar en contacto con la naturaleza y reflexionar sobre los acontecimientos de nuestra vida en esa semana y planear para la siguiente,  ayudar a una asociación de beneficencia con una aportación mensual, visitar a un pariente enfermo, realizar prácticas de fe o realizar ayudas a la comunidad.

Si logramos plantearnos propósitos más concretos y definidos convirtiéndolos en accesibles, asequibles,  realistas y le agregamos nuestra voluntad de hacerlo, encontraremos al final del año una lista de propósitos cumplidos. Habremos vivido un año de mayor riqueza y crecimiento personal. Transformemos las expectativas de los propósitos en tiempo de renovar la esperanza,  aprovechando sus dos facetas que ésta presenta: el dinamismo y la purificación.

El dinamismo en la esperanza es aquello que empuja, que anima a lograr la meta, que el cansancio y los obstáculos y motiva a no darse por vencido; mantiene la meta clara y muestra el camino para llegar a ella. Por otro lado, la purificación de la esperanza, tiene un efecto correctivo y transformador en la persona, porque al mismo tiempo que muestra con claridad el objeto, muestra lo que hace falta para lograrlo.

El hecho de plantearse metas y cumplirlas enciende el motor de la motivación interna, lo que nos llevará a iniciar un nuevo año con una esperanza renovada. ¡Feliz Navidad! Y ¡Feliz año nuevo de propósitos a cumplir!

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