viernes, 20 de marzo de 2015

Curiosidad, preguntar, aprender

Por: Alida María Madero


“No tengo talentos especiales, pero sí soy profundamente curioso”
—Albert Einstein
Monterrey, México. Soy una persona curiosa, siempre investigo y pregunto. Recién regreso de un viaje, fui a París, como regalo de cumpleaños. Al movernos por la ciudad en metro no dejaba de preguntarme sobre ¿cómo es que se desarrolla esa red de túneles tan impresionante?
La curiosidad, al igual que muchas otras cosas de la vida, tiene múltiples interpretaciones. No es lo mismo la curiosidad que roza la intromisión, que la curiosidad por aprender y conocer todo el tiempo algo nuevo.
La etimología de la palabra: “cur”, en latín, significa ¿por qué? O sea que la curiosidad es una disposición natural a preguntar ¿por qué?, muchos avances científicos surgen cuando alguien los cuestiona: ¿por qué se hace así?
Según el creativo Jeremy Baka, los niños de preescolar hacen unas 100 preguntas al día. La mayoría de esas preguntas pueden parecer inocentes o sin sentido,  pero según Baka, ¿no debió sentirse así Einstein al cuestionar toda la física?
En la educación es fundamental cultivar esa curiosidad en los niños y utilizarla como motivador. Ricard Huguet, especialista en docencia  y colaborador en instituciones para promover la innovación, la creatividad y el talento entre los jóvenes, señala que algo falla en la educación cuando los niños empiezan el colegio deseando ser astronautas, y terminan queriendo ser funcionarios.
La curiosidad es la que ha llevado a la humanidad a progresar porque las personas se plantean preguntas. Para contestar a esas preguntas necesitan buscar y eso, a su vez, hace que se pongan en movimiento, se relacionen, y avancen en sus conocimientos o experiencia. Los grandes retos del  siglo XXI van a demandar capacidad para resolver muchos problemas, tanto técnicos como intelectuales.
Satisfaciendo mi curiosidad; el metro parisino tiene 214 kilómetros de líneas que acogen cada año alrededor de 1,400 millones de viajeros. Esta es la historia del éxito de una aventura más que centenaria.
El deterioro de las condiciones de circulación en París con el desarrollo del automóvil, el ejemplo de otras capitales del mundo, como Londres, Nueva York o Budapest, y la inminencia de la exposición universal de 1900, dieron lugar al metropolitano parisino. Fulgence  Bienvenüe, en 1897 elaboró una red de líneas que permitía no dejar ningún punto de París a más de 500 metros de una estación de metro.
Un dato interesante es que para establecer los accesos a las estaciones Cité y Saint-Michel, al borde del río Sena, el arquitecto Léon Chagnaud hizo gala de un gran ingenio; para permitir la perforación del túnel diseñado como un conducto que comunica las dos estaciones, a 15 metros bajo el lecho del Sena, el suelo se congela con una salmuera de cloruro de calcio a menos 24 grados.
Aprender llevado por la curiosidad es despertar el placer de conocer, comprender, descubrir, construir el conocimiento, y va asociada al aprendizaje a lo largo de toda la vida.

(*) Alida Madero, es Ingeniero en Industrias alimenticias egresada de la Universidad de Monterrey (UDEM). Tiene diplomados en Logoterapia y Desarrollo Humano. Actualmente coordina el programa Foccus Prematrimonial en la Arquidiócesis de Monterrey, el cual  trabaja con las parejas que están comprometidas para contraer matrimonio.
Contáctame en foccusmonterrey@gmail.com

domingo, 15 de marzo de 2015

El asombro, la cualidad perdida

Por Martha Salim Naime

La mayoría de adultos toman el mundo por sentado
—Jostein Gaarder
Asombrarse es una capacidad innata que va perdiendo fuerza poco a poco. Se va desvaneciendo por las circunstancias, los problemas y la rutina en una nube gris en la que todo se vuelve monótono, insípido y desabrido.
La capacidad de asombro es natural en la infancia. La veo en mi nieta cuando vamos al parque. Los pocos pasos que nos separan de los columpios se convierten en una aventura de exploración. Se detiene y observa con detalle todo lo que le llama la atención; como si se tratara de una reportera del National Geographic.
Lo mismo suspende su caminata para recoger una hoja seca, que se pone en cuclillas para observar a una hormiga cargando con dificultad una  hoja mordisqueada; se maravilla al escuchar correr el agua y al ver su sombra reflejada en el piso. Su vocabulario es muy reducido, pero con un ¡wow! lo dice todo.  Expresa con su cuerpo lo que con palabras no puede por su corta edad.
¿Recuerdas cuándo fue  la última vez que te quitó el aliento ver un atardecer? ¿Cuándo dejaste de admirar las montañas? ¿Cuándo renunciaste de reír espontáneamente?  ¿En qué momento la vida te fue llevando al punto de dejar pasar desapercibidas las maravillas que acontecen diariamente en el entorno?
El psicólogo infantil Jean Piaget, quien basó sus estudios en la observación del crecimiento de los niños —principalmente el de sus hijos— sostiene que el conocimiento se construye de dos formas: a través del aprendizaje y por la interacción con el medio ambiente.
Como padres y formadores tenemos la responsabilidad  de alentar y promover que el niño explore y construya su conocimiento. De ésta forma,  además de aumentar su acervo, fomentará su disposición de maravillarse por  todo lo que sucede a su alrededor.
La capacidad de asombro es una cualidad que se nutre de observar;  de detenernos a contemplar. De ser como los niños de antes que veían la tele e intercambiaban canicas. Incrédulos ante una hormiga que carga un objeto que le dobla el tamaño; ingenuos al creer que la sombra tiene la voluntad de moverse por sí misma; y humildes ante la grandiosidad de la naturaleza.
Es curioso que nos admiremos del avance en la tecnología, como los teléfonos inteligentes, las tabletas y sus aplicaciones modernas y sofisticadas y se nos olvide admirar el funcionamiento de nuestro cuerpo. Hasta que enfermamos nos damos cuenta de lo perfecto que era.
Uno de los grandes retos para los padres del milenio es lograr un sano equilibrio entre lo natural y la tecnología; entre jugar en el parque y dominar un videojuego; entre socializar y chatear. Es triste observar a un niño que, absorto frente a una pantalla, desperdicia la oportunidad de maravillarse al mirar por la ventana del auto.
Poseer capacidad de asombro hoy en día es una virtud. La naturaleza nos reta a maravillarnos con lo que nos ofrece constantemente; a abrir los ojos del alma y dejarnos sentir cautivados.  Seamos como niños: naturales y espontáneos.
El mejor momento para comenzar es el presente.  ¿Qué te ha sorprendido hoy?

 (*) Martha Salim Naime. Es Administrador de Empresas con Maestría en Ciencias del Matrimonio y la Familia y diplomado en Tanatología por el Instituto Superior de Estudios para la Familia (Juan Pablo II). Experta en temas de familia y pareja. Cuenta con la certificación para ser facilitadora de la herramienta pre-matrimonial FOCCUS. Actualmente se desempeña como Gestor de redes sociales.

jueves, 5 de marzo de 2015

El diálogo: la llave que frena las guerras

Por: Fernando González Rocha y Paty Zambrano

El lenguaje trae al ser humano la capacidad de relacionarse con otros. Es a través de la conversación que construimos nuestro mundo, damos nuestra opinión y punto de vista acerca de las cosas. Lo primero que aprende a decir un niño, después de mamá, papá y agua, es mío. Así aprendemos a defender nuestros derechos, empezamos a construir nuestro “yo” desde aquello que nos pertenece.
Y con esta búsqueda de pertenencia e identidad viene el conflicto. ¿Cuál quieres, el tuyo o el de tu hermanito? La respuesta invariable es el de mi hermanito. La curiosidad  y el deseo de poseer lo que no tenemos, aflora en nosotros de manera natural.
Se dice que: “un conflicto es una conversación pendiente”. ¿Por qué rehuimos a solucionar conflictos? La respuesta es que no nos sentimos fuertes en este tipo de conversación, no sabemos escuchar, no aceptamos que el otro pueda tener un punto diferente al mío, confundimos a la persona con el juicio emitido.  
Cuando alguien no piensa igual que yo, pienso de inmediato, que el otro está en mi contra, creo que me está rechazando. De esta manera, dejamos la conversación pendiente. Es importante saber dialogar de manera cordial y sincera, escuchando para aprender desde donde el otro está observando la situación; si así lo hiciéramos, aprenderíamos otra mirada. Un punto de vista es solo una vista desde otra perspectiva.
Al crecer creamos recursos para tener conversaciones, por ejemplo: aprendemos a ser corteses y diplomáticos para conseguir o negociar lo que nos interesa; justo ahí, nos damos cuenta del poder que tienen nuestras palabras. Dice el dicho popular: “En el saber pedir está el dar”.  Maduramos como personas cuando aprendemos a hacer peticiones, a compartir nuestros deseos.
También requerimos la habilidad para hacer ofrecimientos. Aunque a veces con el pasar de los años lo que pensamos de una situación nos limita.
Por ejemplo: “Quiero pedir un aumento de sueldo, pero no lo hago pues creo saber lo que me van a contestar” —como si leyéramos la mente de los demás— y pienso que dirá que no me lo merezco, que no hay dinero…. De tal manera que no hago mi petición por miedo y me siento víctima de las circunstancias, cómo si no pudiera hacer nada.
Cuando aprendemos a conversar, en cualquier tipo de circunstancia, tenemos el mundo a nuestro favor, pues no habrá problemática que nos detenga. Esto nos libera, nos da un poder de acción increíble, pues dejo de ser víctima y me responsabilizo de lo que me pasa.
Entonces, pregúntate: ¿qué no he dicho que debo decir?, ¿qué puedo decir que pueda resolver un conflicto?, ¿este conflicto vale tanto como para perder la relación con esa persona?
Decía el Filósofo Romano, Séneca: “No es porque las cosas sean difíciles por lo que no nos atrevemos; sino que, por no atrevernos, ellas se hacen arduas”. Con esta reflexión deducimos que Muchas situaciones se convierten en conflictos, porque no nos atrevemos a enfrentarlos en ese momento. Creemos que el tiempo lo resuelve todo; sin embargo, cuanto más pasa el tiempo, es más difícil poderlos resolver.
Nosotros valoramos mantener la relación que ganar el conflicto. Nos peleamos y nos separamos por tantas tonterías que no valen la pena y nos alejamos de personas muy queridas. La vida es una sola y hoy es tu oportunidad de usar el poder de las conversaciones. Habla con tus seres queridos para decirles lo importantes que son para ti.


(*) Fernando González Rocha y Patricia Zambrano Sánchez, tienen 31 años de matrimonio, son coaches de Vida de la International Coaching Community y Consultores Matrimoniales. Tienen más de 20 años de dar cursos, conferencias y diplomados. Actualmente coordinan el programa de Formación Prematrimonial para novios en San Pedro y parte de Monterrey.    Contáctalos en: fernando.gonzalez.rocha@gmail.com  y  patyzambrano@gmail.com

Publicado originalmente el 27 de febrero de 2015 en: